Tlaxcala registró cuatro trasplantes de riñón y 18 donaciones de órganos y tejidos durante 2026, las cuales permitieron obtener 43 órganos y tejidos para pacientes que necesitan un trasplante. De acuerdo con el titular del Centro Estatal de Trasplantes, Juárez Conde, dos de los procedimientos renales se realizaron con órganos de donantes vivos y los otros dos con donantes fallecidos. Los pacientes trasplantados tenían una edad promedio de 34.2 años y esperaron alrededor de 3.4 años para recibir el órgano.
De las 18 donaciones registradas, cinco correspondieron a personas con muerte encefálica y 13 a donaciones de tejidos después del fallecimiento por paro cardíaco. En total, se obtuvieron 31 córneas, ocho riñones y cuatro hígados. Actualmente, nueve personas esperan un riñón y cinco una córnea; las listas de espera son administradas por cada hospital y se actualizan según las condiciones clínicas de los pacientes.
El responsable del Centro Estatal de Trasplantes advirtió que la enfermedad renal crónica representa un desafío para los servicios de salud, debido a su relación con padecimientos como la diabetes y la hipertensión arterial. Explicó que el deterioro de la función renal puede avanzar sin síntomas durante las primeras etapas, lo que dificulta su detección oportuna. Según los datos expuestos por el funcionario, esta enfermedad afecta a cerca del 9 % de la población mundial y su prevalencia en México podría alcanzar el 15 %.
Juárez Conde también señaló que el Centro supervisa que los nueve hospitales autorizados para realizar trasplantes cumplan con la normatividad vigente. Además, destacó que en Tlaxcala los pacientes pueden recibir cobertura de los gastos del trasplante y del tratamiento inmunosupresor necesario para prevenir el rechazo del órgano, con recursos del Gobierno estatal y del IMSS-Bienestar.
Finalmente, el funcionario llamó a fortalecer la cultura de la donación de órganos y recomendó a las personas con diabetes, hipertensión u otros factores de riesgo realizarse revisiones médicas periódicas. Los estudios de glucosa, orina y función renal, junto con el control de la presión arterial, pueden ayudar a detectar alteraciones a tiempo y reducir el riesgo de complicaciones que requieran diálisis, hemodiálisis o un trasplante.
