Las estrategias que Alfonso Sánchez García utilizó durante su búsqueda de una candidatura al Senado en 2024 vuelven a ser señaladas ahora, con mayor intensidad, en el proceso interno de Morena rumbo a la gubernatura de Tlaxcala. Su estrategia política ha recurrido nuevamente a bardas, espectaculares y una fuerte presencia en redes sociales, aunque sus críticos cuestionan la credibilidad de las campañas digitales utilizadas para posicionarlo.
En 2024, Sánchez García no consiguió un escaño en el Senado, luego de que Antonio Álvarez Lima y Ana Lilia Rivera obtuvieran la reelección. Ahora, con la gubernatura en el horizonte, su equipo ha intensificado la promoción mediante páginas afines, publicidad digital, fotografías, videos, infografías y encuestas que sus detractores califican como falsas. El cuestionamiento de fondo es si esa estrategia puede realmente construir respaldo político o solamente una percepción de ventaja en redes sociales.
También se ha señalado el supuesto uso de cuentas falsas y bots para generar tendencias en plataformas digitales, así como una estrategia para difundir versiones sobre una candidatura prácticamente definida. De acuerdo con estas críticas, el objetivo sería mostrar músculo político y generar la percepción de que Sánchez García ya tiene asegurada la candidatura de Morena, aunque esas afirmaciones tendrían que ser acreditadas con evidencia verificable.
Otro de los señalamientos apunta a que trabajadores de los gobiernos federal, estatal y municipales habrían recibido presiones para publicar mensajes de apoyo al alcalde capitalino con licencia. El texto original también plantea acusaciones sobre supuestos descuentos salariales relacionados con reuniones o actividades políticas; hasta ahora, esas afirmaciones requieren documentación que permita establecer quién habría ordenado los descuentos, bajo qué mecanismo y con qué destino.
En este escenario, la principal crítica contra Sánchez García no estaría solamente en la cantidad de bardas, espectaculares o publicaciones digitales, sino en la capacidad de esas estrategias para traducirse en respaldo ciudadano. Sus detractores sostienen que una campaña basada en tendencias artificiales, encuestas cuestionadas y promoción constante puede construir ruido en redes, pero no necesariamente resolver el problema central de cualquier aspirante: convencer a los ciudadanos y generar respaldo político real.
